viernes, 14 de junio de 2013

¿Cómo debería acercarse uno al sacramento de la confesión?

Sé que el sacramento de la confesión es importante, pero debo admitir que no acudo a él tan a menudo como debería. ¿Qué puedo hacer para entender mejor este sacramento? ¿Cuál debe ser mi actitud cuando me voy a confesar?



1. La primera actitud que uno debería tener cuando se acerca a la confesión es la de buscar encontrarse con Jesús, que es la misma actitud de Zaqueo el recaudador de impuestos, que corrió adelantándose a las multitudes y se subió a un árbol en un esfuerzo por ver a Jesús.

El recaudador de impuestos ejemplifica la actitud correcta para acercarse a la confesión. Él corre hacia Jesús, no se aleja de Él, y comprende que el perdón conlleva una obligación de cambiar la propia vida (cf. Lc 19, 1-10).

“Cómo hacer una buena confesión”. Usaremos ejemplos de la Escritura para ilustrar las actitudes apropiadas necesarias para acercarse al sacramento.

Destacando que al recaudador de impuestos “no le importaba nada lo que pensaran los demás” y “estaba dispuesto a hacer el ridículo” para encontrarse con Jesús. “Una de las primeras cosas a conquistar cuando vamos a la confesión es la idea de lo que van a pensar los demás”.


Destacando que Zaqueo estaba tan ansioso de ver al Señor que corrió adelantándose a las multitudes y se subió a un árbol, al cobrador de impuestos “le urgía reconciliarse”.

"Venimos a la confesión porque, como Zaqueo, deseamos ver a Jesús”. “Pienso que es importante que veamos la confesión no como la ve nuestra sociedad civil, como una manera de atrapar a un ladrón y asegurarse de que va a la cárcel.

Cuando vemos la confesión de esa manera, se convierte en un castigo, y no en un momento de libertad. Zaqueo corre porque está buscando la libertad. No está huyendo del Señor, sino más bien corriendo hacia Él”.

Después de que se encuentra con el Señor, Zaqueo dice: “Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruple”.

"Él entendió que el perdón lleva obligaciones”. “Cuando damos el paso para ser perdonados, tomamos nuevas responsabilidades y nueva vida. Él empieza a vivir su vida cristiana con más convicción”.

“Cuando nos reconciliamos, entonces asumimos nuevas obligaciones y nos damos cuenta de que tenemos una nueva misión”.

2. La mujer pecadora del Evangelio de Lucas nos muestra cómo acercarnos a la confesión con humildad y conciencia de nuestro pecado. Ella llora por sus pecados, porque se da cuenta de que ha dañado su relación con Dios, y busca la reconciliación por el amor.

Habría que acercarse al sacramento de la confesión con humildad y con el reconocimiento del propio pecado. Este ejemplo de la mujer pecadora del Evangelio de Lucas que se acerca a Jesús en la casa de un fariseo y le lava los pies con sus lágrimas (Lc 7, 36-50).

"Y poniéndose detrás, a los pies de él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume”. “Era una mujer de humildad. Entendió y aceptó su pecado. No lo negó. También hubo humillación y probablemente vergüenza de su pecado”.

Estaba claro que ella “entendió que había lastimado al Señor” aunque no le hubiera herido directamente a Él. Pecamos cuando nos alejamos de la dignidad que Dios nos ha dado.

 Su acción de limpiar los pies de Cristo, es una acción realizada normalmente por un sirviente, fue “una expresión de amor”: “Esas lágrimas son el amor que se perdió y el deseo de recuperarlo”.

El valor de la penitencia, que está “destinada a acercarnos más a Dios”. Citando el Rito de confesión: “La verdadera conversión resulta plena y completa cuando se expresa por medio de la satisfacción de las culpas cometidas, por la enmienda de la vida y por la reparación de los daños causados a los demás”.

"Cumplimos la penitencia por amor en lugar de ser un acto de castigo”, “Estar verdaderamente arrepentido es entender y buscar el perdón. En el Acto de contrición, decimos: “Me pesa de todo corazón haberos ofendido”. La ansiedad o el miedo pueden llevarnos a la confesión, pero es el amor lo que nos sostiene”.

Al final del pasaje, Jesús dice: “Por eso te digo que quedan perdonados sus pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra”.

“Nuestro pecado interrumpe nuestra relación con Dios”. Cuanto más crezcamos espiritualmente, más cuenta nos daremos de los extralimitados efectos del pecado. Puede ser un comentario cruel o una mentira piadosa, pero cierra un poco la puerta a Dios.

“Así, cada momento de penitencia es una oportunidad de enamorarnos más profundamente de nuestro Señor”.

3. Una tercera actitud para aproximarse al sacramento de la confesión es la de san Pedro, que fue capaz de aceptar el perdón del Señor, incluso después de negarle tres veces. Su ejemplo contrasta con el de Judas, que se arrepintió de su pecado, pero rechazó pedir perdón.

Recordemos que la actitud de Cristo siempre es la de la apertura y el perdón. En el momento de la traición de Judas, el Señor llama “amigo” a su traidor (cf. Mateo 26, 48-50). “Incluso en nuestros momentos más oscuros”, “el camino a la reconciliación y a la sanación está siempre abierto”.

Pero pedir perdón depende del pecador. Cuando Judas traicionó a Cristo, “se llenó de remordimientos” y devolvió las treinta monedas de plata. “Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, se marchó y fue a ahorcarse” (Mateo 27, 3-5).

Reflexionando sobre la actitud de Judas hacia su pecado en Vida de Cristo : “Judas estaba arrepentido ante sí mismo, pero no ante el Señor; disgustado con los efectos del pecado, pero no con el pecado. Todo puede ser perdonado menos el rechazo a pedir perdón. La vida puede perdonar todo excepto la muerte. Su remordimiento no era más que un odio a sí mismo, y el odio a uno mismo es suicida”.

“Cuando un hombre se odia a sí mismo por algo que ha hecho, sin arrepentimiento ante Dios, a veces se golpea el pecho como si quisiera borrar el pecado. Hay una diferencia abismal entre golpearse el pecho por disgusto de uno mismo y golpeárselo diciendo mea culpa, pidiendo perdón”.

Trazando un paralelismo entre Judas y Pedro, “Ambos son llamados Satanás por el Señor. Jesús les advierte a los dos que han fallado. Ambos niegan al Señor. Él intenta salvarlos a los dos. Ambos estaban arrepentidos. Pedro lloró amargamente. Judas devolvió las 30 monedas de plata”.

“¿Cuál es la diferencia?”, preguntó. “Pedro se arrepintió ante el Señor, y Judas se arrepintió ante sí mismo. Pedro sabía que había pecado y buscó la redención. Judas sabía que había cometido un error, e intentó escapar”.

Entonces citó Corintios 2, 7-10: “La tristeza según Dios produce firme arrepentimiento para la salvación; mas la tristeza del mundo produce la muerte”.

“Podemos ser Zaqueo, ansiosos y hambrientos por ver al Señor”, “o podríamos ser la mujer que enjugó los pies de Jesús, deseosos de llorar por nuestros pecados; o podemos ser Judas, odiando lo que hemos hecho, temerosos, huyendo del Señor; o podemos ser Pedro, mirando nuestro pecado con remordimiento”.

Examinémonos interiormente, y Acerquémonos a la reconciliación con Jesús...




La respuesta a esta pregunta está basada en una conferencia de Mons. Bernie Schmitz, vicario para el clero de la archiciósis de Denver, sobre “Cómo hacer una buena confesión”. El sacerdote la pronunció el 2 de marzo de 2012 en la Conferencia Viviendo la fe católica de la archidiócesis de Denver. Mons. Schmitz también es el párroco de la parroquia de la Madre de Dios de Denver.

lunes, 10 de junio de 2013

Papa Francisco: "o se sirve al Señor o se sirve al espíritu del mundo. Nada de macedonias"

Homilía del Papa Francisco 10 de Junio en la Domus Santa Marta


La verdadera libertad nace de la apertura del corazón al Señor: es lo que ha afirmado el Papa Francisco en la Misa de esta mañana en la Casa Santa Marta. El Papa ha afirmado que la salvación es vivir en la consolación del Espíritu Santo, no en la consolación del Espíritu del mundo. En la Misa, concelebrada por el cardenal Stanislaw Rylko, por mons. Josef Clemens y por mons. George Valiamattam, arzobispo de Tellicherry – ha participado un grupo de sacerdotes y colaboradores del Consejo Pontificio para los Laicos.

¿Qué es la consolación para un cristiano? El Papa Francisco ha comenzado su homilía observando que San Pablo, al comienzo de la 2ª Carta a los Corintios, utiliza muchas veces la palabra consuelo. El Apóstol de los Gentiles, añadió, “habla a los cristianos jóvenes en la fe”, personas que “han comenzado a seguir a Jesús desde hace poco”, e insiste mucho sobre esto, incluso en que “no eran todos perseguidos”. Eran personas normales “que habían encontrado a Jesús”. Esto, ha afirmado, “es un cambio de vida tan grande que era necesaria la fuerza especial de Dios” y esta fuerza es el consuelo. El consuelo, ha dicho de nuevo, “es la presencia de Dios en nuestro corazón”. Pero, ha advertido, para que el Señor “esté en nuestro corazón, es necesario abrirle la puerta”, es necesaria “nuestra conversión”.

“La salvación es esto: vivir en la consolación del Espíritu Santo, no en la del Espíritu del mundo. No, esta no es salvación, esto es el pecado. La salvación es ir adelante y abrir el corazón para que venga este consuelo del Espíritu Santo, que es la salvación. Pero ¿no se puede negociar un poco de allí y un poco de aquí? Hacer un poco de macedonia, digamos ¿no? Un poco de Espíritu Santo, un poco del espíritu del mundo… ¡No! Una cosa o la otra”.

El Señor, ha proseguido, lo dice claramente: “No se puede servir a dos señores: o se sirve al Señor o se sirve al espíritu del mundo”. No se pueden “mezclar”. Entonces, cuando estamos abiertos al Espíritu del Señor, podemos entender “la nueva ley que el Señor nos da”: las Bienaventuranzas, de las que nos habla el Evangelio de hoy. Estas bienaventuranzas, añadió, “solo se entienden si uno ha abierto el corazón, se entienden desde el consuelo del Espíritu Santo”, “no se pueden entender solo con la inteligencia humana”.

“Son los nuevos mandamientos. Pero si nosotros no tenemos el corazón abierto al Espíritu Santo, parecerán una tontería. ‘Mira que ser pobres, mansos, misericordiosos no parece una cosa que nos lleve al éxito’. Si no tenemos el corazón abierto y si no hemos gustado el consuelo del Espíritu Santo, que es la salvación, no se entiende esto. Esta es la ley por la que aquellos fueron salvados y abrieron su corazón a la salvación. Esta es la ley de los libres, con la libertad del Espíritu Santo”.

Uno, ha dicho el Papa Francisco, “puede regular su vida, organizarla sobre una lista de mandamientos o procedimientos”, un conjunto “meramente humano”. Pero esto, al final, “no nos lleva a la salvación”, solo el corazón abierto nos lleva a la salvación. También ha recordado que muchos estaban interesados en “examinar” la “nueva doctrina para después discutir con Jesús”. Y esto sucedía porque “tenían el corazón cerrado en sus cosas”, “cosas que Dios quería cambiar”. ¿Por qué, se pregunta el Papa, hay personas que tienen el corazón “cerrado a la salvación”? Porque, responde, “tenemos miedo de la salvación. La necesitamos pero tenemos miedo de ella”, porque cuando viene el Señor “para salvarnos, debemos darlo todo. Y ¡manda Él! De esto tenemos miedo”, porque “queremos mandar nosotros”. Añadió que, para entender “estos nuevos mandamientos”, necesitamos la libertad que “nace del Espíritu Santo, que nos salva, nos consuela” y “nos da la vida”.

“Podemos pedir hoy al Señor la gracia de seguirlo, pero con esta libertad. Porque si nosotros queremos seguirlo solo con nuestra libertad humana, al final nos convertiremos en hipócritas como los fariseos y saduceos, aquellos que peleaban con Jesús. La hipocresía es esto: no dejar que el Espíritu cambie el corazón con su salvación. La libertad del Espíritu, que nos da el Espíritu, también es una especie de esclavitud, una ‘esclavitud’ al Señor que nos hace libres, es otra libertad. Sin embargo, nuestra libertad solo es una esclavitud, pero no al Señor, sino al Espíritu del mundo. Pidamos la gracia de abrir nuestro corazón al consuelo del Espíritu Santo, para que este consuelo, que es la salvación, nos haga entender bien estos mandamientos. ¡Así sea!”.

El noviazgo: el primer paso, no el último

La sexualidad temprana obstaculiza la buena vivencia del noviazgo




El noviazgo es el inicio de todo, el primer paso de un camino que podrá culminar en la constitución de una familia. El noviazgo inicia con una mirada, una mirada capaz de captar en el otro la esencia, su mejor parte, más allá de las apariencias. Cuando una chica capta en un joven su belleza interior, ella es capaz de abrir las puertas de su corazón a él, aunque sea diferente, o que no esté dentro de los patrones esperados por la amigas o los papás, de esta forma, el noviazgo también significa el primer momento en que la persona aprende que el amor no es ciego, sino al contrario, entrevé más allá de las apariencias y los estereotipos. Al ser el noviazgo una relación profunda con la esencia del ser amado, a quien le importan las apariencias y tiene el placer sexual como centro en las relaciones no es capaz de tener una relación de noviazgo, al contrario, experimenta innumerables experiencias de “quedar” y de tanto quedar, puede quedarse solo.


Maslow afirma en una ocasión que “las personas incapaces de amar no experimentan en el sexo la misma clase de emoción que las personas que son capaces de amar”. Hoy es muy común oír de jóvenes mujeres reclamaciones sobre cómo es difícil encontrar hombres que quieran un compromiso verdadero, vivimos en una sociedad que en general experimenta una “compulsión de felicidad”, explicada por Elisabeth Lukas como una manipulación artificial de los sentimientos, una ecuación que puede ser comprendida como la desvalorización del amor y los vínculos afectivos y una supervaporización de las experiencias sensoriales, del sexo fácil y casual, del abuso de sustancias químicas y hasta del dejarse seducir por promesas ideológicas y sectarias de felicidad de toda índole. Poco se lucha por la posibilidad de amar.


Cuando las instituciones educacionales o religiosas ofrecen a los jóvenes una moral sexual que les invita a dar valor al amor por encima del sexo, lo que ocurre es un alejamiento por parte de los jóvenes de estas instituciones, empobreciendo, por otro lado, todavía más su espiritualidad e intelectualidad. No se puede negar que las transformaciones hormonales en la adolescencia ejercen una fuerza desestabilizadora en la persona especialmente en lo que se refiere a la potencia sexual y, también, no se puede negar que, en el fondo, lo que los chicos y chicas buscan, de hecho, es la posibilidad de vivir el amor, un amor capaz de llevarlos a la realización personal.


Hay muchos adolescentes experimentando el sexo desde muy temprano en experiencias sin compromiso, aunque aparentemente parezcan maduros y conscientes de sus actos, en el fondo lo que buscan es la aceptación social, es la posibilidad de comprometerse con alguien. En el fondo, por más moderna y desapegada que parezca una joven que se entrega al sexo en las primeras noches, ninguna mujer consigue despertarse al día siguiente sin una expectativa de tener a alguien a su lado que la valore, que quiera luchar por ella, que la ame profundamente y que la escoja para ser la mujer de su vida, la única mujer. No lo logra, no por ser limitada o menos evolucionada, sino justamente porque no hace parte de su esencia, la esencia que busca amar también busca ser amada.


El noviazgo es iniciar un camino de conocimiento, un conocimiento de dentro para afuera, es enamorarse de lo más bello del otro, lo que está dentro de su cuerpo, aquello que el tiempo no es capaz de borrar, al contrario, sólo podrá crecer. El secreto de un matrimonio feliz está en la vivencia de una relación de noviazgo consciente. El noviazgo es lanzarse al mundo desconocido del otro, esperando ardientemente que el su amor sea aceptado y nunca superado, es permitir que el otro conozca su mundo interior y conociéndolo pueda un día decir que será capaz de comprometerse con todo su ser hasta que la muerte los separe.

Los cristianos no debemos ver el mundo sólo en negativo

“Los cristianos debemos estar atentos a no ver el mundo sólo de forma negativa”, sabiendo ver la “acción del Espíritu Santo” también en los hombres de hoy. 



“No se trata de quedarse en el pasado o de huir al futuro. Se trata de vivir como cristianos hoy, es decir, de acoger la novedad de Cristo resucitado, inventando quizás un nuevo estilo de relaciones en la familia, en la ciudad, para abrir un camino de encuentro, de compartir, de intercambio”.

Incluso en las circunstancias más trágicas,  “Dios hace salir la vida”. “Debemos reconocer con gratitud la acción del Espíritu Santo en el corazón de los hombres de nuestro tiempo: pienso en los pequeños gestos de atención, de respeto, de delicadeza, en el inmenso patrimonio del voluntariado, en la sed de justicia, en la rectitud moral de tantas personas”.

“Muchas veces, en medio de las incoherencias, de las intolerancias y de las injusticias del mundo en que vivimos  hay quien tiene el valor de invitar a una mejor calidad de vida, a un uso más justo de los bienes de la tierra, y en este mundo en plena evolución, los hombres se preguntan por el sentido de su vida, de sus sufrimientos, de su muerte”.

Todas estas preguntas, “no son otra cosa que la llamada de Dios a la puerta del corazón del hombre”.

Es necesaria “una Iglesia más transparente”: “Arraigada durante siglos en una civilización de la que había aceptado su contorno y ayudado a elaborar sus fundamentos, hoy la Iglesia se ha trasplantado a una nueva cultura que no acaba de revelarse, y que nadie sabe muy bien cómo va a ser”.

Para los cristianos “es quizás el momento de pasar a una nueva forma de existir, en estas ‘tierras nuevas’, y de ser signo del Reino de Dios en los sitios donde vivimos y trabajamos”.